Por Martín Ricca @martinricca1
Mi historia con la música no empezó arriba de un escenario, sino en mi casa. Desde que tengo memoria, he estado rodeado de instrumentos, cantando con mis hermanos Javier y Fabricio. La música no llegó a mi vida: siempre estuvo ahí.
En mi casa, la música se vivía como un lenguaje natural. Cantábamos, improvisábamos escenarios, componíamos canciones con lo que tuviéramos a la mano. No era un plan, era nuestro idioma. En ese pequeño caos de infancia, con cables, ritmos y risas, entendí que la música iba a ser parte de mí para siempre.

A lo largo de los años esa conexión solo creció. Mi vida cambió por completo en 1998. Tenía 12 años cuando mi familia y yo dejamos todo en Argentina para perseguir un sueño. Primero llegamos mis papás y yo por unas semanas; luego llegaron mis hermanos. Íbamos a volver a Argentina, pero México tenía otros planes para nosotros. Todo lo que pasó con los discos, las novelas que dejaron recuerdos imborrables en una generación – y también en en mi familia y en mí –, junto con el cariño del público, nos hizo quedarnos más de diez años.
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México me dio un segundo hogar. Me regaló escenarios, historias, amistades y una conexión tan profunda que hasta hoy me cuesta explicarla. Fue aquí donde descubrí quién era arriba del escenario y fuera de él. Mis hermanos y mis papás siempre han sido mi base: no hay proyecto importante en mi vida donde no estén presentes. Compartimos la música como una forma de estar juntos. Son mi motor, mis cómplices, mi raíz.
La música es parte de mi día a día, de mi forma de ver el mundo. Siempre ha sido mi manera de soltar lo que llevo dentro, de canalizar lo bueno, lo malo, lo que no sé decir de otra forma. Esa es la magia: lo que se dice por uno y lo que despierta en los demás. A veces la gente ve al artista, al que sonríe en entrevistas o canta en la tele. Pero para mí, la música es algo más íntimo. Es lo que me acompaña cuando no hay reflectores, cuando vuelvo a casa, cuando necesito regresar a mí. No es solo lo que hago, es parte de quién soy y de lo que somos como familia.
En 2008 decidí alejarme un tiempo de la vida pública. Regresé a Argentina pero la música nunca se fue. Seguí tocando con mis hermanos, produciendo, subiéndome a cualquier lugar donde hubiera un micrófono, incluso estuve tras bambalinas con Banda XXI, aprendiendo a vivir la música desde otro ángulo. Para mí, lo más importante siempre ha sido eso: la música y mi familia.

En 2019 regresé a México para hacer algunos conciertos, y fue el público, con su cariño intacto, quien me hizo ver que todavía había mucho por decir. La música para mí es más que una carrera, es el lugar al que siempre vuelvo. En 2023, una aparición especial en el 2000 Pop Tour se convirtió en una gira completa: 2000 x Siempre. Fue un reencuentro con mi historia, con mi gente, con una generación que creció conmigo.
Después vino Papás por Conveniencia, mi regreso a las novelas desde un lugar nuevo, más maduro. Luego ¿Quién es la Máscara?, más música y nuevas colaboraciones con personas a quienes quiero y admiro: Nuestro Secreto con Daniela Ibáñez, En Silencio Cuido Yo Tu Amor con Naidelyn Navarrete y Cafecito con Ivanko.
Y luego está Corazón Guerrero, mi manera de agradecerle a este país. Esta canción es una carta de amor a México, a su gente, a su cultura. Es un homenaje al país que nos cambió la vida, y un guiño al niño que soñaba con cantar con una banda en vivo. Porque ese sigue siendo mi mejor momento: estar arriba del escenario, sintiendo que todo lo demás se apaga y solo queda la música.

Este año regreso a los escenarios, algo que siempre me mueve. Vamos a reencontrarnos en CDMX, Guadalajara y Monterrey, y también en Tijuana y Mérida, dos lugares a los que no he vuelto como solista en más de 20 años. Cada concierto es distinto, pero todos tienen algo en común: esa sensación de volver a conectar con historias, con caras conocidas y con otras nuevas. México siempre ha sido un lugar especial para mí. Cada paso que doy aquí me recuerda porqué empecé: porque arriba del escenario es donde más vivo me siento.
A veces me preguntan qué sigue y la verdad es que no lo sé del todo. Pero mientras la música me siga hablando, yo la voy a seguir escuchando. Mientras tenga algo que decir, lo voy a cantar. Porque esto no se trata solo de hacer carrera, se trata de seguir sintiéndolo todo. Como cuando era un niño y cantaba con mis hermanos en la sala de mi casa.
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