España tiene una larga tradición culinaria con huella romana, influencia árabe y un constante diálogo con Latinoamérica. En este país, la comida tiene vida propia: es motivo de encuentro, de alegría y de compartir. Y a miles de kilómetros de distancia, La Mallorquina ofrece justo eso dentro de la Ciudad de México.

El tapeo es una forma de convivir alrededor de sabores clásicos: el vino, la oliva, el jamón ibérico, el queso y los embutidos. La Mallorquina, del chef español Carlos Arrieta, es un restaurante que retoma esa tradición a través de su propuesta y sus muy bien logrados pinchos.
Entre sus tapas, destacan las croquetas de jamón ibérico y las de calamar por su textura perfecta: blandas por dentro, crujientes por fuera. Igualmente, la tradicional tapa de tortilla española es una delicia. En un espacio sofisticado, con decoración rústica y vitrinas, este restaurante te transporta a España en una experiencia tradicional y auténtica.
NUESTROS FAVORITOS EN LA MALLORQUINA
Es difícil escoger un platillo favorito cuando hablamos de comida española, sin embargo el personal de La Mallorquina lo facilitó a través de sus recomendaciones. Así llegamos al taco de rabo de toro, que nos sorprendió por su espectacular sabor y suavidad, resultado de una preparación cuidada que resalta lo mejor de este emblemático corte de la gastronomía española.
Fun fact: Hoy en día el rabo de toro, al menos en México, se percibe como un platillo gourmet. Pero no siempre fue así. Su origen es más humilde de lo que muchos creen. Este corte proviene de la tradición de la casquería en ciudades como Córdoba, donde, tras las corridas, las partes nobles del animal, como el solomillo, quedaban en manos de quienes tenían poder económico, mientras que las piezas consideradas menores, como el rabo, eran destinadas a las clases populares.
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Con el tiempo, y gracias a técnicas de cocción lenta que transforman su textura y concentran su sabor, lo que antes se consideraba “despojo”, evolucionó hasta convertirse en uno de los platos más representativos y atractivos de la cocina española. En La Mallorquina Polanco lo sirven en una orden de tres tacos. Y fue uno de nuestros grandes favoritos en este lugar.

Pero eso no es todo, el solomillo al vino tinto servido en una cama de puré de papa y champiñones con una corona de pimientos rojos fue un espectáculo total, tanto en presentación como en sabor. La carne, traída desde Sonora, en el término perfecto. Y la combinación de ingredientes logran un equilibrio perfecto que se percibe en cada bocado. No te puedes quedar sin probarlo, es el imperdible de este lugar.
Por supuesto, al tratarse de gastronomía mediterránea, no podíamos dejar fuera un elemento esencial: el mar. Probamos un camarón a la mantequilla con limón, acompañado de arroz en tinta de calamar. El platillo superó nuestras expectativas al lograr un equilibrio sorprendente entre notas cítricas y matices lácteos, dando como resultado un platillo con mucha personalidad.
LA TIERRA DEL VINO
No se puede hablar de vino sin hablar de España, la tierra vinícola por excelencia. Y la esquina más española de la Ciudad de México ofrece una amplia variedad de vinos que lucen en su impresionante bodega a lo largo del restaurante. En ella, se resguardan vinos de La Rioja, Ribera del Duero y Priorat, que bien se pueden pedir por botella, y es que vale totalmente la pena hacerlo, o por copa.
En nuestro caso, disfrutamos de una uva tempranillo con Altanza Capitoso. Este restaurante de comida española es el oasis de los amantes del buen vino. Pero, ojo, que todas las bebidas destacan, no paran únicamente en el vino. También cuentan con una amplia variedad de tragos. En esta ocasión, probamos también un gin tonic de mandarina exquisito y súper refrescante.
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LA ESPECIALIDAD DE LA CASA
Muy probablemente, la estrella de la corona sean las trufas artesanales que elaboran diariamente en este lugar. La Mallorquina se distingue por su autenticidad, y parte de ella se refleja en la enorme variedad de trufas que ofrecen: una preparación de repostería fina elaborada a partir de ganache.
Con combinaciones únicas desde pistache, Oreo y almendra, hasta naranja, mezcal y mango, las presentan directamente en mesa para que tú mismo puedas elegir tus favoritas. También puedes armar tu propia selección en cajitas especiales, ideales para disfrutar en casa o llevar como regalo, acompañadas por supuesto de sus icónicas galletas mallorquinas: finas láminas de chocolate y almendra.
Cada trufa es un bocado de sabor y con una o dos, quedas más que satisfecho de dulzor, convirtiéndolas en el broche de oro perfecto para cerrar cualquier comida. Si visitaste La Mallorquina, ya sea en su sucursal Polanco o Bosques, y no probaste las trufas; ¿realmente visitaste la Mallorquina? Nosotras, orgullosamente, podemos decir que sí, pero no podemos esperar a volver.






